domingo, 31 de julio de 2011

Tromba!

Los días lluviosos son los que más disfruto. Sobre todo cuando no tengo prisa por llegar a algún lado. A veces, por el puro gusto, me voy caminando bajo esas lluvias que te mojan hasta la consciencia. Recuerdo que en la pantanosa florecilla de mi niñez mis padres me prohibían tajantemente jugar a mojarme con “pistolas de agua” o salir cuando estuviera lloviendo, aunque fuese la más leve de las lloviznas. Estas últimas son las que más me gustan, sobre todo cuando al mismo tiempo hay sol, pero el pasado jueves no era ni llovizna y ni era de día siquiera...





Dejó de llover un momento, pero decidí no irme. Más tarde me arrepentiría. Cuando salí se había “calmado” y estaba al resguardo del voladizo mas generoso y cercano que pude encontrar. Son dos calles empinadas las que se encuentran en esa esquina; con la luz del alumbrado público, que todo tiñe de color naranja; se veía como corrían verdaderos ríos sobre el pavimento, llevando toda el agua que escurre del cerro. Me hubiera quedado ahí de no estar cerca la hora en que el transporte público deja de pasar. 

La luz se va. Los ríos desaparecen. Solo se escuchan correr y el caer de la lluvia. Cerca de 10 minutos esperé mientras pensaba por cuál de los cuatro caminos me mojaría menos y llegaría más rápido. Me decidí por el camino más empinado justo antes que regresara la luz.

Traté de pisar los lugares menos profundos para no mojarme los pies, fue inútil. Al primer paso tenía el agua por los tobillos. Corrí cuesta arriba, tan fuerte y rápido como si en ello me fuera la vida. Cerca de la cima estaba con el cuerpo encorvado apoyando los brazos en las rodillas para impulsarme en lo que ya era un caminar lento y pesado, muy pesado. La distancia de la cima a donde debía esperar mi camión aunque casi plana no pude ni trotarla. Ya en el lugar de espera, respiraba frenéticamente, con el pelo mojado en la cara.




Bajo ese tejado solo estaba yo y la luz blanca fluorescente de un panel de publicidad sin cartel. Frente a mí, el cerro desnudo con unas cuantas luces adornándolo.  Pocos coches pasaban abriendo las aguas que inundaban la calle y uno que otro desafortunado en moto que era mojado (más de lo que ya estaba) por los mismos. La espera fue larga. Mientras trataba de controlar el ritmo de mi respiración se volvió a ir la luz. Solo se veía al fondo una silueta accidentada y oscura sobre un cielo poco menos que negro. Poco después regresó, en un rayo, iluminando todo por un pequeño instante. Luego, el silencio y la oscuridad que preceden a un fuerte trueno. En esos momentos, a cielo abierto y en un estado tan vulnerable, entiendes por qué los animístas  tienen por dioses a todo fenómeno natural.

 Otra vez la fría luz blanca me hacía buena compañía aunque un abrazo me hubiera venido mejor. Subí al camión, lento, vacío, y con los vidrios empañados que solo dejaban ver lo oscuro que estaba afuera. Ya después, en otro paradero con más gente se veía que yo era la única persona que se había mojado. Durante el viaje no hice otra cosa que agachar la cabeza dejando colgar mi pelo. Para el último tramo que caminé antes de llegar a mi casa empezó a llover otra vez. Esa noche quedé como un caldo pero llegué más feliz a mi casa de lo que hubiera llegado cualquier otro día.


La tormenta es buena, cuando el refugio es seguro... eso pensé por mucho tiempo, pero ahora creo que toda tormenta es buena siempre y cuando haya con quién compartirla.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

No se moje por cualquier cosa.

Anónimo dijo...

si las gotas lluvia fueran de caramelo me encantaría estar ahí... abriendo la boca para saborear ah!, ah!, ah-ah!, ah-ah!! (inserte música aqui)
***
Disfruté mucho la entrada (PPSA)... Esos instantes en que pocas cosas están bajo tu control, en sentir el agua fría... Esos momentos deliciosos le dan un toque sublime a la vida... Le mando un abrazo mora y si lo necesita un tapcin, contac o x-L3
KLL...

Danny dijo...

Por lo regular no me gusta mojarme con la lluvia, pero de vez en cuando me preparo psicologicamente y salgo a la lluvia.

Casi nunca me he enfermado por hacerlo.

Morita dijo...

@Anónimo
Sabía que ese chiste no podía faltar jaja

@Killer
Usté me ha provocado lo que es una reminiscencia parecida a esta (PPSA)
***
Pa' comentar con lo que es el nombre dele en "Nombre / Url" ....Ah, y mande lo que quiera, yo con gusto obedezco! Maltráteme! pero que no se le olvide, nuestra palabra de seguridad es "Marco-Polo"

@Danny
Usté mójese pa' que le herede a sus chilpallates unas buenas defensas... ahora que si no le gusta mojarse y quiere que sus hijos sean sanos pues los puede poner a comer tierra pa' que se hagan resistentes a los bichos.
Saludos.

Fernando dijo...

una vez me acababa de bañar y empezó a llover bien chido, ya no recuerdo por qué pero tomé mi bici y me fui a mojar por los caminos de mi pueblo. pasaba por los charcos,por donde había más agua, manejaba sin manos y con la cabeza alzada, sintiendo la lluvia . ese día me sentí bien pero bien chido.

Morita dijo...

@Fernando

Ayyy... bici y lluvia.... también me ha tocado.
Gracias por su visita. Saludos

Kolonoskopia dijo...

Ah! no hay nada mejor que mojarse con alguna llovizna de verano. Sobre todo bajo la compañía de un buen jazz. Esos momentos cuando lo único que te importa es sentir las gotas en tu cara y, como bien lo dice, resbalar por el cuerpo lavándole a uno lo que es hasta el alma.

Pocas personas comparten ese gusto y con más pocas aún se puede compartir. Yo si me mojo con usté.

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