domingo, 12 de febrero de 2012

Rutina

‎"Sin respeto de uno mismo, la felicidad es prácticamente imposible. Y el hombre que se avergüenza de su trabajo difícilmente podrá respetarse a sí mismo." decía un viejito sabio no hace muchos años...





El trabajo ha sido un tema de conversación constante en los últimos días con aquell@s que tengo la fortuna de cruzar palabras. "Salario es igual a esclavitud" me viene a la mente en esos momentos. Luego me siento frente al monitor, bajo el brillo de la pantalla para que no lastime mis retinas. No obstante y pese al toda precaución, lentamente mi mirada se vuelve opaca.

Pasado un tiempo me levanto por un vaso y lo lleno para saciar algo que no es sed. Aprovecho para platicar con la secretaria. Le ha gustado demasiado el libro que le recomendé y me hace prometer prestarle otro; yo de buena gana pensaba ofrecerlo sin contrato de por medio.

Regreso a mis labores con la satisfacción en el rostro. En el transcurso de la jornada me las arreglo para reír o hacer reír a alguien. La música y el café, entre otras cosas, ayudan a diluir la rutina. Al final del día no hay cambio. No amo mi trabajo, tampoco lo odio. Encuentro ese estado neutro más peligroso que cualquiera de sus extremos, porque el corazón se hace duro y detrás de la comodidad se esconde el deseo de detenerse.

Algo... algo ha de hacerse...


 Con cariño para todos mis amigos, conocidos y desconocidos con inquietudes laboralexistenciales... 
...y para mí también, por supuesto...

2 comentarios:

Elena dijo...

El trabajo es como las relaciones de pareja, siempre lo he visto así, ahí va una a la primera cita/ entrevista, con sus mejores rotas y sus sueños en una solicitud de empleo/bolsa con un moño rojo. Te sientas frente a un desconocido e intentas cautivarlo con lo mejor que sabes hacer/decir/pensar, luego, logras tu cometido y al cabo del tiempo estás ahí, sentada en tu escritorio/comedor y piensas ¿cómo llegué aquí?; algunos sentimos pasión, otros dolor, hastío, nostalgia... pero ¿indiferencia?, lo dudo mi pequeña persona diferente. De ti no creo indiferencia.

Un gusto la tarde del domingo, otro gusto más leerte.

Kolonoskopia dijo...

¡¡Qué gusto leer de nuevo sus letras!!

¿Indiferencia en el trabajo? Imposible ¿no cree? Una cosa es ser indiferente al ruido de la cama de los vecinos recién casados o al regaño del profesor de deportes con las peores maldiciones nunca dichas por un humano cuerdo, y otra es el trabajo.

Rutina no quiere decir indiferencia.

Por lo pronto ya me puso a divagar, justo me llega esto en una de esas crisis laboralexistenciales.

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